9 de enero de 2019

Mc 6,30-34: Andaban como ovejas sin pastor.
En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: -«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco.»
Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado. Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
REFLEXIÓN
En este evangelio, Jesús nos da a entender que hace falta el descanso y el silencio, que no nos hemos de dejar atrapar por el activismo como si fuéramos máquinas. Pero, al mismo tiempo, cuando ve que algunas personas necesitan que se les escuche y se les ofrezca apoyo, es capaz de renunciar a su descanso, sobre todo cuando se da cuenta de que esas personas van perdidas, sin saber a dónde van ni a dónde tienen que ir. Para él las personas son lo primero Jesús no tiene un corazón duro e insensible, le afectan los problemas y la vida de todos, no pasa por la vida sin enterarse, está siempre al lado de aquellos que sufren.

 

El comienzo de la Misa

La Celebración de la Eucaristía comienza con estas palabras: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Y todos contestan: Amén (que quiere decir: “Así es” “es verdad” “me lo creo”…) ¿Qué quieren decir estas palabras al comienzo de la Misa? Sencillamente que lo que se va a celebrar es un acto en el que está presente la Trinidad: El Padre que nos entrega a su Hijo, el Hijo que entrega su vida por nosotros y se nos da en alimento, y el Espíritu Santo que, además de mover al Padre a entregar a su Hijo por nosotros y al Hijo a entregar su vida por la salvación de todos, transforma el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesús. Es el Espíritu santo el que hace el sacramento de la Eucaristía…. A la Eucaristía, vamos a encontrarnos con la Trinidad: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por eso es importante que vayamos al lugar donde se celebra, unos minutos antes para prepararnos y darnos cuenta de con quién nos vamos a encontrar….

3 de febrero de 2019

Lc 4,21-30: Jesús, como Elías y Elíseo, no es enviado sólo a los judíos.

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: -Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: -¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: -Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. Y añadió: -Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio. Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

REFLEXIÓN

Jesús afirma una cosa importante: Cuando escuchamos la Palabra de Dios y nos la creemos de verdad, esa Palabra se cumple en nosotros…Los paisanos de Jesús creían que él iba a hacer en Nazaret, lo que ellos quisieran, como si tuvieran derecho sobre su persona y su vida, lo querían utilizar para sus intereses, pero Jesús les deja muy claro que él ha venido para todos, incluso para los que no son de la religión de Israel. Les pone el ejemplo de la viuda de Sarepta y Naamán el sirio. Esto les supo muy mal a los nazarenos, hasta el punto de que intentaron matarlo. Hoy pasa algo parecido: cuando decimos que todas las personas son iguales y tiene los mismos derecho, encontramos problemas.

 

4 de febrero de 2019

Mc 5,1-20: Espíritu inmundo, sal de este hombre.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo -ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: -¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: -Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: -¿Cómo te llamas? El respondió: -Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: -Déjanos ir y meternos en los cerdos. El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: -Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.
REFLEXIÓN
En este evangelio aparece de forma clara para qué ha venido Jesús a este mundo. Su misión principal es liberar a todas las personas de todas aquellas esclavitudes, internas y externas, que les impidan vivir y convivir con dignidad y en paz, aunque para eso tenga que sacrificar a muchos animales con en esta ocasión. En aquel tiempo, cuando una persona tenía un problema de salud mental, decían que estaba poseído. La inclinación al mal está en cualquier persona, pero no quiere decir que un trastorno mental sea una posesión diabólica. Jesús, al leer este evangelio, nos quiere liberar a cada uno de todo lo que nos esclaviza. También nosotros hemos de ayudar a que los demás encuentren su libertad.

Martes 5 de febrero de 2019

Mc 5,21-43: Contigo hablo, niña, levántate.
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -«Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la hablan sometido a toda clase de tratamientos, y se habla gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que habla salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: -«¿Quién me ha tocado el manto?» Los discípulos le contestaron:
-«Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado? “» Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: -«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.» Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -«No temas; basta que tengas fe.» No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -«¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.» Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: -«Talitha qum» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.
REFLEXIÓN
Es muy importante tocar a Jesús con fe. Nos preguntamos cómo hemos de tocar a Jesús, qué es tocar a Jesús con fe. Tocamos a Jesús cuando leemos el Evangelio, cuando pensamos en él y le hablamos, cuando tocamos con fe y con amor a alguna persona, porque en cada persona está él. Y también es importante creer que Jesús nos puede resucitar, levantar de la muerte. Por muy decaídos, por muy cansados y agotados que estemos, él siempre nos puede dar la mano para levantarnos de la situación en la que estamos. Basta con que tengamos fe. Y no hace falta ir a un santuario, ni a una parroquia… en cualquier sitio… Lo que nos pone en comunicación con él es la fe…

6 de febrero de 2019

Mt 28,16-20: Id y haced discípulos de todos los pueblos.
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: -«Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»
REFLEXIÓN
Como ya sabemos la misión de Jesús en este mundo era anunciar y realizar la liberación de las personas con sus obras y sus palabras. Y esta es precisamente la misión que nos encarga a nosotros los que creemos en él y le seguimos: Transmitir la fe que tenemos en él a todas las personas que se relacionen con nosotros. No pensemos que transmitir la fe es sólo enviar un whatsapp a un amigo o persona conocida. Se trata de tratar con las personas y transmitirles nuestra experiencia de fe y de seguimiento a Jesús. Y no sólo de que las personas sean religiosas, sino que conozcan Jesús y le sigan.

7 de febrero de 2019

Mc 6,7-13: Los fue enviando.
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: -«Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.
REFLEXIÓN
Jesús llama a los doce para que estén con él, se formen, y para enviarlos a anunciar la Buena Noticia del Evangelio. Todos pensamos que, para ofrecer algún producto, hace falta mucha propaganda, medios, locales y dinero para disponer de todo lo que haga requiere la venta. Jesús les dice que prescindan de todo y lleven sólo su persona y su fe, porque la transmisión del Evangelio, además de nosotros, sobre todo la hace Dios. Si nosotros ponemos muchas cosas, le quitamos el lugar a Dios, y entonces destruimos la evangelización…

8 de febrero de 2019

Mc 6,14-29: Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido, el rey Herodes oyó hablar de él. Unos decían: -«Juan Bautista ha resucitado, y por eso los poderes actúan en él.» Otros decían:
-«Es Elías.» Otros: -«Es un profeta como los antiguos.» Herodes, al oírlo, decía: -«Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.» Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: -«Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró: -«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: -«¿Qué le pido?» La madre le contestó: -«La cabeza de Juan, el Bautista.» Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: -«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.» El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
REFLEXIÓN
Herodes se sentía culpable de haber matado a Juan el Bautista, quería resucitarlo, por eso dice que Jesús era Juan que había resucitado. Vemos cómo este rey habló sin pensar, se precipitó, se dejó llevar de sus emociones, no se dio cuenta de que primero hay que ver en profundidad la vida, después hay que valorarla a la luz, de la fe, o por lo menos de nuestros convencimientos profundos… Y, en último término tomar decisiones y actuar. Nuestros sentimientos pueden ser muy bonitos y muy fuertes, pero las personas somos algo más que sentimientos. A veces nuestros sentimientos nos emborrachan y nos ciegan, y nos pueden parecer que son verdad. Pero hemos de serenarnos y ver las cosas con profundidad..

 

 

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