27 de febrero de 2017

Mc 9,38-40: El que no está contra vosotros está a favor nuestro.

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: -Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros. Jesús respondió: -No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

REFLEXIÓN

Los discípulos de Jesús tienen un espíritu acaparador, controlador, cerrado…No les importa mucho el bien de la gente, sino el prestigio y el crecimiento del grupo. Jesús es una persona muy abierta, lo suyo es sumar y no restar. Para él cuanto más gente se dedique a hacer el bien, mucho mejor. Lo que le importa es el bien de la gente no su grupo, ni su prestigio personal. No ha venido a este mundo a prohibir lo bueno, sino a animar el compromiso por el bien del gente. Lo suyo no es controlar, sino respetar y hacer que crezca la libertad.

 

Recibir

Muchas personas pensamos que para hacer bien a los demás, sólo hemos de aportarles muchas cosas, es decir, ponerse en la actitud de dar… Nos damos cuenta que, cuando valoramos a una persona, la escuchamos y recibimos lo que ella nos puede aportar, con actitud de recibir, se siente útil, se da cuenta de lo que vale y se siente querida… Quizá este es el mayor regalo que le podemos hacer.

Buen día..

 

Rebre
Moltes persones pensem que per a fer bé als altres, només hem d’aportar-los moltes coses, és a dir, posar-se en l’actitud de donar… Ens adonem que, quan valorem a una persona, l’escoltem i rebem el que ella ens pot aportar, amb actitud de rebre, se sent útil, s’adona del que val i se sent volguda… Potser aquest és el major regal que li podem fer.
Bon dia..

 

El Ofertorio (2)

Al comienzo del cristianismo, hacerse cristiano era entrar a formar parte de una familia en la que se compartía todo, los bienes, la vida y la acción, como lo dice el libro de las Hechos de los Apóstoles en su capítulo 2:  Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.. Hc 2, 44-46 . En el ofertorio los que asistían a la celebración, llevaban grandes cantidades de alimentos, para los necesitados. Entre los cristianos, ninguno pasaba necesidad, porque lo que tenía uno, era de todos. El sacerdote y los diáconos, recibían tantas cosas, que, al acabar el ofertorio tenían que lavarse las manos, porque había tocado muchas cosas. Hoy el sacerdote  continúa lavándose las manos, no porque las lleve sucias, sino dándole un sentido espiritual a ese gesto.

 

 

 

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