2 de marzo de 2019

Mc 10,13-16: El que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: -Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

REFLEXIÓN

Jesús siempre está a favor de los pequeños, de los débiles y de los últimos de la sociedad, y estos se acercan a él porque saben que los acepta, los valora y les ofrece el cariño más grande. Contrasta con la postura que suele tener todo el mundo, incluidos sus discípulos, de rechazo  y de desprecio y hasta de abuso, como se oye tanto en estos tiempos, hasta dentro de la Iglesia. Esto quiere decir que se puede saber mucho, y hacer  prácticas religiosas, y no tener ni idea de lo que es valorar y respetar a las personas. Jesús los pone como modelos de lo que tiene que ser uno que cree en Dios.

 

EL PLACER Y…

El afán de placer, de poder y de protagonismo, nos puede llevar a las personas y comunidades a cometer barbaridades, pasando por  encima de lo más sagrado, como si hubieran perdido la cabeza, en el mundo de la política, la economía y hasta en la religión… Lo mismo suele ocurrir cuando nos dejamos llevar del miedo o de los prejuicios, y somos incapaces de pensar y ver la realidad..

 

 

EL PLAER I…
L’afany de plaer, de poder i de protagonisme, ens pot portar a les persones i comunitats a cometre barbaritats, passant per damunt del més sagrat, com si hagueren perdut el cap, en el món de la política, l’economia i fins i tot en la religió… El mateix sol ocórrer quan ens deixem portar de la por o dels prejudicis, i som incapaços de pensar i veure la realitat..

 

EL OFERTORIO  (5)

En el Ofertorio de la Misa, no sólo hemos de poner el pan y el vino, sino toda nuestra vida… Además de nuestro trabajo, nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras esperanzas y proyectos, nuestros éxitos y fracasos, nuestros defectos y compromisos por construir el mundo que Dios quiere. Nos ponemos totalmente en manos de Dios para que él nos transforme en la persona de su Hijo, como hace con el pan y con el vino por medio de su Espíritu Santo. Es un momento de la celebración en el que hacemos unimos la fe con la vida, y nos damos cuenta de que todo ha de estar orientado a construir el Reino de Dios en este mundo.

 

 

 

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