5 de marzo de 2019

Mc 10,28-31: Recibiréis en este tiempo cien veces más, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.

En aquel tiempo, Pedro se puso a decirle a Jesús: -Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Jesús dijo: -Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más -casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones-, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.

REFLEXIÓN

Dice Jesús: Cuanto más dejemos por él, más recibiremos… Cuando tenemos un buen amigo, sabemos que lo que invirtamos en él, no lo perdemos, sino que lo recibiremos corregido y aumentado. Los buenos amigos no se dejan ganar en generosidad. Creemos que la amistad con Jesús, no tiene punto de comparación con la mejor amistad del mundo… Dejarlo todo por Jesús, es encontrarlo todo… Esto nos lo confirman todas las personas que han reído en él y que le han entregado su vida. Nos tenemos que preguntar: ¿qué me falta por entregarle a este Gran Amigo, que está en la persona de los que sufren en este mundo?

 

LA RIQUEZA MÁS GRANDE

El valor más grande que tenemos somos nosotros mismos, nuestra persona y nuestra vida. Cuando tenemos muchas cosas, nos olvidamos de lo más importante que somos nosotros. Por eso el desprendernos de lo que tenemos y compartirlo con los que lo necesitan, nos ayuda a encontrarnos con lo más profundo de nuestra humanidad. No hemos de tener miedo a dejar cosas…

Buen día…

 

LA RIQUESA MÉS GRAN
El valor més gran que tenim som nosaltres mateixos, la nostra persona i la nostra vida. Quan tenim moltes coses, ens oblidem d’allò més important que som nosaltres. Per això el desprendre’ns del que tenim i compartir-ho amb els quals ho necessiten, ens ajuda a trobar-nos amb el més profund de la nostra humanitat. No hem de tindre por a deixar coses…
Bon dia…

OFERTORIO (8)
Una vez que se han puesto en el altar el pan y el vino, el sacerdote, en voz baja reza la siguiente oración: “Acepta. Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que este sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor Dios nuestro”. Esta oración expresa nuestra disposición de humildad y el reconocimiento de que nosotros no tenemos ningún mérito por nuestra parte. Por la fe, nos abrimos a los dones de Dios que él nos concede por su amor y su misericordia. Nuestra salvación, que se hace presente en la celebración de la Eucaristía, es toda ella obra o regalo gratuito de Dios, y nosotros nos disponemos a recibir lo que el Padre nos ofrece por la vida, muerte y resurrección de Su Hijo Jesús. La humildad y la apertura de la fe, son condiciones indispensables para participar y recibir el fruto de la Eucaristía…

 

 

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