DIUMENGE III DE QUARESMA

Homilia

 

Nosaltres creiem en un Déu que es preocupa del sofriment de les persones i dels pobles: “He vist l’opressió del meu poble a Egipte, he sentit les seues queixes contra els opressors, m’he fixat en els seus sofriments”. I no solament es preocupa del que pateixen les persones, sinó que vol posar remei: “Baixaré a lliurar-los dels egipcis, a traure’ls d’aquesta terra, per a portar-los a una terra fèrtil i espaiosa, terra que brolla llet i mel”. Com veiem, Déu vol alliberar a les persones de l’esclavitud que estan patint, donar-los la llibertat i portar-los a una terra on puguen viure en pau. Ens adonem que, quan hi ha opressors i oprimits, Déu sempre està de part dels oprimits. Déu està en contra de l’opressió, de l’explotació, de l’abús del poder, del masclisme, de la violència, de la injustícia i de tot allò que està en contra de les persones. Per exemple: Déu, hui, no pot estar a favor dels bancs, sinó dels desnonats, si son personaes honestes.
En l’Evangeli, Jesús ens parla de la necessitat de convertir-nos. Però, què és convertir-nos? Veurem el que va significar la conversió per a Moisés, i així comprendre el que Jesús ens demana a nosaltres. Moisés era una bona persona. Treballava cuidant el ramat del seu sogre. Havia fugit d’Egipte, perquè el Faraó el perseguia per a matar-lo, per defensar a un company israelita al qual estaven maltractant. Si no feia més era perquè no podia. Però Déu se li va aparéixer i li va demanar que canviara de vida, que deixara el ramat, tornara a Egipte i exigira al Faraó que deixara eixir al poble del país i renunciara a oprimir-los com a esclaus. Per a Moisés convertir-se no era deixar de ser dolent, per a ser bo, sinó deixar el seu pla de vida i acceptar el Pla de Déu. Això vol dir que convertir-se, no solament és deixar les nostres males accions, per a portar una vida moralment bona i ser una persona d’ordre, sinó abans de res, és posar-se a les mans de Déu per a col·laborar en tot amb ell. Com podem suposar, el Pla de Déu no ha canviat. En temps de Moisés volia alliberar als israelites de l’esclavitud, i hui vol alliberar a totes les persones que estan en les mateixes circumstàncies que vivien els israelites, per la falta d’aliments, o de treball, o d’habitatge, o de qualsevol altra cosa que els impedisca viure com a éssers humans.
Per això convertir-nos hui és, reconéixer a Déu, escoltar la seua veu com la va escoltar Moisés, i comprometre’ns, com es va comprometre ell, en l’alliberament de totes les persones que pateixen l’esclavitud de qualsevol tipus que siga.
Hi ha qui es queda a reconéixer a Déu, resar, ser una bona persona, (una persona d’ordre), però no escolta la veu de Déu que li mana a anar a Egipte, a donar la cara pels explotats, els aturats, els desnonats… Es queden tranquil·lament pasturant el ramat del seu sogre, vivint una vida sense complicacions. Solen dir que lluitar per la justícia és política, i que no volen ficar-se en embolics polítics. És clar que aquestes persones volen continuar sent bones persones, però no volen convertir-se. La conversió és una mica més que ser bona persona, una mica més, que ser una persona d’ordre.
Podria ser, aquesta Quaresma, una bona ocasió per a convertir-nos, no per a canviar algunes cosetes i quedar-nos a ser bones persones.
A això precisament hem vingut hui a la celebració de l’Eucaristia; no solament al fet que el Senyor ens ajude a ser bons, sinó al fet que canvie la direcció de la nostra vida i ens convertisca, com va canviar la direcció de la vida de Moisés.
– En quin Déu crec jo? En el qual em deixa tranquil, o en el qual compromet a lluitar per la justícia?
– Vull convertir-me o quedar-me com estic? Com em convertiré?

 

DIA DE SAN JOSÉ

2S 7,4-5a.12-14a.16: El Señor Dios le dará el trono de David su padre.

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.” »

Sal 88,2-3.4-5.27.29: Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.»

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable.

Rm 4,13.16-18.22: Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza.

Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

 

Mt 1,16.18-21.24a: José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Homilía

Celebramos una fiesta muy popular porque muchas personas llevan el nombre de José o de Josefa, y también es el día del padre… Hay muchas tradiciones y celebraciones… Todo nace de la persona de José el padre de Jesús…

Las primera lectura nos habla de David y cómo Dios aseguró su reinado y le prometió que sus descendientes serían reyes de Israel. Esta lectura la leemos para comprender el lugar que ocupa José en los planes de Dios, y cómo en él se cumple esa promesa que Dios había hecho a David. Por supuesto, también comprendemos que Dios cumple todas las promesas que nos ha hecho a cada uno de nosotros y a toda la humanidad.

El salmo nos habla prácticamente de lo mismo que la lectura, es un reconocer y experimentar las promesas de Dios.

La segunda lectura de la carta de Pablo a la comunidad de Roma, nos hace ver la importancia de la fe para recibir las promesas de Dios, esa fe que nos abre para recibir lo que Dios nos quiere dar a cada uno y a toda la humanidad. Y nos pone como ejemplo a Abrahán que por su fe y su esperanza, cuando no había nada que esperar, recibió la promesa que Dios le había hecho.

Y el Evangelio nos habla de un momento importante de la vida de José, descendiente de David. Se había casado con María, pero sin haber convivido, ella esperaba un hijo. Él no sabía de dónde venía ese hijo. Y decidió dejarla, sin decir nada a nadie. Esta fue su decisión, pero los planes de Dios iban por otros caminos; y le dio a entender que el hijo que esperaba María era cosa suya, que no tuviera ningún problema en recibir a María en su casa. Y José, igual que Abrahán, creyó lo que Dios le dio a entender y se unió a María su mujer, aunque no lo veía nada claro.

Por todas estas lecturas y estos datos, podemos sacar en conclusión que José era una persona de mucha fe, que estaba abierto totalmente a Dios para recibir de él todo lo que pensaba darle. Y además de la fe, José tenía otras circunstancias en su vida. Era una persona desconocida de todo el mundo, de un pueblo (más que pueblo, una aldea) que casi nadie conocía y que, además, pensaban que de ese pueblo no podía salir nada bueno. José era un trabajador normal y corriente, como cualquier otro de su aldea… Una persona que significaba muy poco, o nada en la sociedad de aquel tiempo… Esto nos dice algo a tener muy en cuenta: Por lo que vemos a lo largo de la Sagrada Escritura, Dios se inclina, tiene preferencia, por la gente sencilla, escoge a la gente humilde para llevar adelante su planes, es decir, la construcción y la salvación de la humanidad. Así es Dios y así actúa… Esto nos da a entender que si nosotros queremos participar en sus planes, y colaborar con él en lo que quiere hacer en el mundo, además de tener una fe como la de José, tendremos que hacernos sencillos… Y si tenemos un lugar poco importante, en la sociedad, si somos un trabajador o trabajadora, habremos de valorar  mucho esa condición que nos toca vivir, tendiendo muy claro que Dios cuenta con nosotros para hacer sus obras importantes, aunque parezca que no es así. Eso no quiere decir que los que tienen grandes puestos no sirvan para nada. Pueden hacer mucho, si se hacen humildes y se consideran simples colaboradores de Dios y de todas las personas que forman la sociedad. Así fue José y así fue Jesús, su hijo, que fue un trabajador como él, que se hace presente en nuestra celebración, en el pan y en el vino, fruto de la tierra y del trabajo de las personas.

  • ¿Cómo valoro mi condición de trabajador?
  • ¿Cómo experimento que Dios cuenta conmigo, no por mis méritos sino porque él me elige para realizar sus planes..?
  • ¿Cómo valora a las personas que no tienen ningún puesto importante en la sociedad?

 

DOMINGO 3º DE CUARESMA

Ex 3,1-8a.13-15: «Yo soy» me envía a vosotros.

En aquellos días, pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño trashumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: -Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: -Moisés, Moisés. Respondió él: -Aquí estoy. Dijo Dios: -No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y añadió: -Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. El Señor le dijo: – He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel. Moisés replicó a Dios: -Mira, Yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntan cómo se llama este Dios, ¿qué les respondo? Dios dijo a Moisés: -«Soy el que soy». Esto dirás a los israelitas: «Yo-soy» me envía a vosotros. Dios añadió: -Esto dirás a los israelitas: el Señor Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación.

Sal 102,1-2.3-4.6-7.8.11: El Señor es compasivo y misericordioso.

Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;
como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles.

1Co 10,1-6.10-12: La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro.

Hermanos: No quiero que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron nuestros padres. No protestéis como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga.

Lc 13,1-9: Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: – ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: –Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: –Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.

Homilía

Nosotros creemos en un Dios que se preocupa del sufrimiento de las personas y de los pueblos: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos”. Y no sólo se preocupa de lo que sufren las personas, sino que quiere poner remedio: Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel”. Como vemos, Dios quiere liberar a las personas de la esclavitud que están sufriendo, darles la libertad y llevarlos a una tierra donde puedan vivir en paz. Nos damos cuenta de que, cuando hay opresores y oprimidos, Dios siempre está de parte de los oprimidos. Dios está en contra de la opresión, de la explotación, del abuso del poder, del machismo, de la violencia, de la injusticia y de todo aquello que está en contra de las personas. Por ejemplo: Dios, hoy, no puede estar a favor de los bancos, sino de los desahuciados.

En el Evangelio, Jesús nos habla de la necesidad de convertirnos. Pero, ¿qué es convertirnos?  Vamos a ver lo que significó la conversión para Moisés, y así comprender lo que Jesús nos pide a nosotros. Moisés era una buena persona. Trabajaba cuidando el rebaño de su suegro. Había huido de Egipto, porque el Faraón lo perseguía para matarlo, por defender a un compañero israelita al que estaban maltratando. Si no hacía más era porque no podía. Pero Dios se le apareció y le pidió que cambiara de vida, que dejara el rebaño, volviera a Egipto y exigiera al Faraón que dejara salir al pueblo del país y renunciara a oprimirlos como esclavos. Para Moisés convertirse no era dejar de ser malo, para ser bueno, sino dejar su plan de vida y aceptar el Plan de Dios. Esto quiere decir que convertirse, no sólo es dejar nuestras malas acciones, para llevar una vida moralmente buena y ser una persona de orden, sino ante todo, es ponerse en las manos de Dios para colaborar en todo con él. Como podemos suponer, el Plan de Dios no ha cambiado. En tiempos de Moisés quería liberar a los israelitas de la esclavitud, y hoy quiere liberar a todas las personas que están en las mismas circunstancias que vivían los israelitas, por la falta de alimentos, o de trabajo, o de vivienda, o de cualquier otra cosa que les impida vivir como seres humanos.

Por eso convertirnos hoy es, reconocer a Dios, escuchar su voz como la escuchó Moisés, y comprometernos, como se comprometió él, en la liberación de todas las personas que sufren la esclavitud de cualquier tipo que sea.

Hay quien se queda en reconocer a Dios, rezar, ser una buena persona, (una persona de orden), pero no escucha  la voz de Dios que le manda a ir a Egipto, a dar la cara por los explotados, los parados, los desahuciados… Se quedan tranquilamente apacentando el rebaño de su suegro, viviendo una vida sin complicaciones. Suelen decir que luchar por la justicia es política, y que no quieren meterse en líos políticos. Está claro que estas personas quieren seguir siendo buenas personas, pero no quieren convertirse. La conversión es algo más que ser buena persona, algo más, que ser una persona de orden.

Podría ser, esta Cuaresma, una buena ocasión para convertirnos, no para cambiar algunas cositas y quedarnos en ser buenas personas.

A eso precisamente hemos venido hoy a la celebración de la Eucaristía; no sólo a que el Señor nos ayude a ser buenos, sino a que cambie la dirección de nuestra vida y nos convierta, como cambió la dirección de la vida de Moisés.    

  • ¿En qué Dios creo yo? ¿En el que me deja tranquilo, o en el que compromete a luchar por la justicia?
  • ¿Quiero convertirme o quedarme como estoy? ¿Cómo me convertiré?

 

DIA DE SAN JOSEP

2S 7,4-5a.12-14a.16: El Senyor Déu li donarà el tron de David el seu pare.

En aquells dies, va rebre Natán la següent paraula del Senyor: -«Veu i dis-li al meu serf David: “Això diu el Senyor: Quan els teus dies s’hagen complit i et fiques al llit amb els teus pares, afirmaré després de tu la descendència que eixirà de les teues entranyes, i consolidaré la seua reialesa. Ell construirà una casa per al meu nom, i jo consolidaré el tron de la seua reialesa per sempre. Jo seré per a ell pare, i ell serà per a mi fill. La teua casa i el teu regne duraran per sempre en la meua presència; el teu tron romandrà per sempre.” »

Sal 88,2-3.4-5.27.29: El seu llinatge serà perpetu.

Cantaré eternament les misericòrdies del Senyor, anunciaré la teua fidelitat per totes les edats. Perquè vaig dir: «La teua misericòrdia és un edifici etern, més que el cel has afermat la teua fidelitat.»

 

Vaig segellar una aliança amb el meu triat, jurant a David, el meu serf:

«Et fundaré un llinatge perpetu, edificaré el teu tron per a totes les edats.»

 

 

Ell m’invocarà: «Tu eres el meu pare, el meu Déu, la meua Roca salvadora.»

Li mantindré eternament el meu favor, i la meua aliança amb ell serà estable.

 

Rm 4,13.16-18.22: Recolzat en l’esperança, va creure, contra tota esperança.

Germans: No va ser l’observança de la Llei, sinó la justificació obtinguda per la fe, la que va obtindre per a Abrahàm i la seua descendència la promesa d’heretar el món. Per això, com tot depén de la fe, tot és gràcia; així, la promesa està assegurada per a tota la descendència, no solament per a la descendència legal, sinó també per a la qual naix de la fe de Abrahàm, que és pare de tots nosaltres. Així, diu l’Escriptura: «Et faig pare de molts pobles.» En trobar-se amb el Déu que dóna vida als morts i crida a l’existència el que, no existeix, Abrahàm va creure. Recolzat en l’esperança, va creure, contra tota esperança, que arribaria a ser pare de moltes nacions, segons el que se li havia dit: «Així serà la teua descendència.» Per la qual cosa li va valdre la justificació.

 

Mt 1,16.18-21.24a: José va fer el que li havia manat l’àngel del Senyor.

Jacob va engendrar a Josep, l’espòs de María, de la qual va nàixer Jesús, anomenat Crist.

El naixement de Jesucrist va ser d’aquesta manera: María, la seua mare, estava casada amb José i, abans de viure junts, va resultar que ella esperava un fill per obra de l’Esperit Sant. Josep, el seu espòs, que era just i no volia denunciar-la, va decidir repudiar-la en secret. Però, a penes havia pres aquesta resolució, se li va aparéixer en somni un àngel del Senyor que li va dir: -«Josep, fill de David, no tingues objecció a portar-te a María, la teua dona, perquè la criatura que hi ha en ella ve de l’Esperit Sant. Donarà a llum un fill, i tu li posaràs per nom Jesús, perquè ell salvarà al seu poble dels pecats.» Quan Josep es va despertar, va fer el que li havia manat l’àngel del Senyor.

Homilia

Celebrem una festa molt popular perquè moltes persones porten el nom de Josep o de Josefa, i també és el dia del pare… Hi ha moltes tradicions i celebracions… Tot naix de la persona de Josep, el pare de Jesús…

Les primera lectura ens parla de David i com Déu va assegurar el seu regnat i li va prometre que els seus descendents serien reis d’Israel. Aquesta lectura la llegim per a comprendre el lloc que ocupa Josep en els plans de Déu, i com en ell es compleix aqueixa promesa que Déu havia fet a David. Per descomptat, també comprenem que Déu compleix totes les promeses que ens ha fet a cadascun de nosaltres i a tota la humanitat.

El salm ens parla pràcticament del mateix que la lectura, és un reconéixer i experimentar les promeses de Déu.

La segona lectura de la carta de Pau a la comunitat de Roma, ens fa veure la importància de la fe per a rebre les promeses de Déu, aqueixa fe que ens obri per a rebre el que Déu ens vol donar a cadascun i a tota la humanitat. I ens posa com a exemple a Abrahàm que per la seua fe i la seua esperança, quan no hi havia res que esperar, va rebre la promesa que Déu li havia fet.

I l’Evangeli ens parla d’un moment important de la vida de Josep, descendent de David. S’havia casat amb María, però sense haver conviscut, ella esperava un fill. Ell no sabia d’on venia aqueix fill. I va decidir deixar-la, sense dir res a ningú. Aquesta va ser la seua decisió, però els plans de Déu anaven per altres camins; i li va donar a entendre que el fill que esperava María era cosa seua, que no tinguera cap problema a rebre a María a la seua casa. I Josep, igual que Abrahàm, va creure el que Déu li va donar a entendre i s’unió a María la seua dona, encara que no ho veia gens clar.

Per totes aquestes lectures i aquestes dades, podem traure en conclusió que José era una persona de molta fe, que estava obert totalment a Déu per a rebre d’ell tot el que pensava donar-li. A més de la fe, José tenia altres circumstàncies en la seua vida. Era una persona desconeguda de tot el món, d’un poble (més que poble, un llogaret) que quasi ningú coneixia i que, a més, pensaven que d’aqueix poble no podia eixir gens bo. Josep era un treballador normal i corrent, com qualsevol altre del seu llogaret… Una persona que significava molt poc, o res en la societat d’aquell temps… Això ens diu alguna cosa a tindre molt en compte: Pel que veiem al llarg de la Sagrada Escriptura, Déu s’inclina, té preferència per la gent senzilla, tria a la gent humil per a portar avant els seus plans, és a dir, la construcció i la salvació de la humanitat. Així és Déu i així actua… Això ens dóna a entendre que si nosaltres volem participar en els seus plans, i col·laborar amb ell en el que vol fer en el món, a més de tindre una fe com la de José, haurem de fer-nos senzills… I si tenim un lloc poc important, en la societat, si som un treballador o treballadora, haurem de valorar molt aqueixa condició que ens toca viure, tenint molt clar que Déu compta amb nosaltres per a fer les seues obres importants, encara que semble que no és així. Això no vol dir que els que tenen grans llocs no servisquen per a res. Poden fer molt, si es fan humils i es consideren simples col·laboradors de Déu i de totes les persones que formen la societat. Així va ser Josep i així va ser Jesús, el seu fill, que va ser un treballador com ell, que es fa present en la nostra celebració, en el pa i en el vi fruit de la terra i del treball de les persones.

– Com valore la meua condició de treballador?

– Com experimente que Déu compta amb mi, no pels meus mèrits sinó perquè ell em tria per a realitzar els seus plans..?

– Com valora a les persones que no tenen cap lloc important en la societat?

 

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