VER A DIOS

Normalmente los hijos quieren ver a sus padres, los padres quieren ver a sus hijos, el amado quiere ver a su amada y la amada al amado… Estamos hechos para convivir y compartir nuestra vida unos con otros, estamos hecho para vernos, comunicarnos y compartir nuestra vida, nuestra bienes y nuestra acción con todos. Dios nos ha hecho a su imagen y semejanza para que estemos con él, vivamos con él, le veamos y disfrutemos de su compañía. Aunque no nos demos cuenta estamos hechos para vivir con Dios y para verle. En el fondo de nuestro corazón, lo que más deseamos es ver a Dios. A veces, ese deseo tan grande de ver a Dios, lo llenamos con ver otras cosas, pero esas cosas nos dejan vacíos, no nos llenan y ni nos hacen felices.

¿Y dónde está Dios, para le que podamos ver? Dios está en cada lugar donde nos encontramos, en cada cosa que tenemos delante. Todo ha sido hecho por Dios, todo lleva la huella de Dios, en todas las cosas está Dios. Especialmente Dios está en nosotros, en cada persona. Lo más parecido a Dios es un apersona y un grupo de personas unidas por el amor. Especialmente Dios está en las personas necesitadas de algo, en los que sufren. Vemos que a Dios le tenemos cerca, convive con nosotros, se relaciona con nosotros, está al alcance de nuestra mano y nuestros ojos. Los cristianos encontramos a Dios en los sacramentos, especialmente en el sacramento de la Eucaristía. Siempre que nos reunimos los cristianos para celebrar un sacramento o para orar, Dios se hace presente en medio de nosotros. Encontramos a Dios vivo, que se nos entrega y nos habla, en su Palabra: Al escucharla en una reunión y cuando la leemos en casa.

Si Dios está tan cerca ¿qué tenemos que hacer para verle?  La fe es como los ojos para ver a Dios, cuando abrimos nuestro corazón y nuestra alma con  fe, vemos a Dios. Y como Dios es amor, le veremos si afrontamos la vida desde el amor, si miramos las cosas, y las personas con fe y con amor desinteresado, si nuestro corazón está limpio de egoísmo, de violencia, de mentira y de cualquier interés, que nos nuble la vista, entonces vemos a Dios. Por eso dice Jesús: “dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Conectamos con Dios, entramos en comunicación con él, experimentamos su presencia, cuando nuestro corazón está movido por la fe y el amor y cuando esa fe y ese amor nos lleva al compromiso.

Nos damos cuenta de que, a Dios, no se le ve por tener muchas ideas sobre él. Las  ideas, son buenas si nos acercan a Dios, si nos ayudan para encontrarnos con él, si despiertan en nosotros el amor. Tampoco nos encontramos con Dios si sólo tenemos muchos sentimientos religiosos y muchas oraciones, y nada más.

Esos sentimientos y prácticas religiosas nos pueden y deben servir para hacer crecer en nosotros el amor y  comprometernos en la vida para construir el mundo que Dios quiere, pero no siempre nos hacen crecer.

Se trata de que nos olvidemos de nosotros mismos y nos centremos en cumplir la voluntad de Dios en cada momento y en cada acción de nuestra vida, dejando que el amor (Dios) mueva toda nuestra vida y nos comprometa en hacer el bien a los demás.

¿Es fácil encontrarse y ver hoy a Dios? Desde pequeños se nos educa para tener cosas, para disfrutar de las cosas que tenemos, para trabajar y hacer muchas cosas, hasta el punto que, la persona que no tiene nada, no disfruta y no se lo pasa bien, el que no trabaja y no hace muchas cosas, se le mira como  “un don nadie”. Está claro que uno ha de tener lo necesario para vivir, que sufre cuando pasa necesidad, pero una cosas es tener lo que necesitamos y otra estar obsesionados por tener y consumir. No se nos ha educado mucho para amar, para sacrificarnos desinteresadamente por los demás, para entregar nuestra vida por amor, para perdonar y aceptar a los demás como son.. Hay otra cosa: Hoy ha subido mucho el nivel de vida, tenemos muchas cosas, nos sobra de todo… Para encontrarnos con Dios hemos de tenerlo muy claro, elegirlo a él por encima de todas las cosas, mantener nuestro corazón libre para amar  a todos, sean quienes sean y compartir nuestros bienes y nuestra vida con todos, especialmente con los que sufren;  y comprometer nuestra vida en la construcción de un mundo más justo y de acuerdo con lo que Dios quiere. Cuando nos comprometemos por amor, Dios actúa en nosotros.

Entonces ¿qué tenemos que hacer?  Para que nuestro corazón esté limpio y pueda ver a Dios hemos de elegir una vida sencilla, que nos dé libertad para poder estar en buena relación con los demás y con Dios, una vida que nos dé la posibilidad de escuchar y dar importancia a todos y encontrar la presencia de Dios en cada momento de nuestra vida. En la vida tenemos que ocuparnos de muchas cosas, pero necesitamos silencio para pensar y darnos cuenta de lo que de verdad necesitamos, de lo que hacemos bien y lo que hacemos mal, de lo que les pasa a los otros y encontrarnos con las personas que nos necesitan. Necesitamos leer cosas que nos ayuden a conocer más a Dios. Si estamos distraídos con demasiadas cosas, si nuestra vida está llena de ruidos, si estamos siempre ocupados, nos será muy difícil encontrar un tiempo para ver a Dios, hablar con él y experimentar su presencia y su amor.

¿Qué ocurre cuando nos relacionamos con Dios y dejamos que él llene nuestra vida?  Cuando vemos y experimentamos a Dios, nuestra vida se llena de verdad, encontramos una paz muy grande, contamos con fuerzas para afrontar todas las dificultades, somos felices y hacemos felices a los demás, vemos la vida con alegría y esperanza, y trabajamos todo lo que podemos para que el mundo sea como Dios quiere, afín de que todos puedan ver a Dios y disfrutar de su amor y su felicidad. No hace falta que nos muramos y nos vayamos al cielo para ser felices y estar en la “gloria”. Podemos disfrutar de lo que tendremos en el cielo cuando nos muramos, si nos abrimos a Dios por la fe y el amor y le vemos y tenemos experiencia de quién es él. Hay personas que pasan por muchas dificultades, están enfermas, van muchos en contra de ellas, pero como ve a Dios superan todos esos problemas con alegría, y dan gracias a Dios por las cosas que les vienen en contra porque les sirven para ser más felices y crecer en el amor.

El mundo necesita VER A DIOS, cada uno de nosotros necesitamos VER A DIOS. Sólo cuando VEMOS A DIOS vemos el valor de nuestra vida, de la vida de los demás y el valor de todas las cosas. Limpiemos nuestro corazón para poder VER A DIOS.

PARA PENSAR Y COMPARTIR

  • Cosas que no he entendido
  • Cosas que más me han gustado
  • ¿Cómo estoy viendo a Dios en mi vida?
  • ¿Qué hago para ver a Dios?
  • ¿Cómo veo a Dios cuando trato con los demás?
  • ¿Veo a Dios en las cosas y en la vida?
  • ¿Cómo estoy colaborando con Dios para construir el mundo que él quiere?
  • ¿Por qué muchas veces no veo a Dios?
  • Qué voy a hacer de ahora en adelante para ver más a Dios?

Acabamos con este salmo:

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. En el lecho me acuerdo de ti  y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. Pero los que buscan mi perdición bajarán a lo profundo de la tierra; serán entregados a la espada, y echados como pasto a las raposas. Y el rey se alegrará con Dios, se felicitarán los que juran por su nombre, cuando tapen la boca a los traidores.

 

28 de marzo de 2019

Lc 11,14-23: El que no está conmigo está contra mí.

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: – «Si echa los demonios es por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. El, leyendo sus pensamientos, les dijo: – «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belcebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belcebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

REFLEXIÓN

Los que creemos en Jesús creemos que él nos libera de todas nuestras esclavitudes y de cualquier cosa que pueda destruir nuestra vida. Con Jesús ha llegado el poder de Dios que nos hace libres, nos da la paz y la felicidad. Hemos de creer que él es más fuerte que todas las fuerzas del mal y que todos los problemas y dificultades que se nos puedan presentar en la vida. Creer en Jesús es estar seguros de que en él encontramos la vida, la paz y todo lo que puede llevarnos a la plenitud de nuestra vida. Hemos de confiar y entregarle a él toda nuestra vida, elegir “estar con él” y colaborar con él en la construcción del mundo que él quiere.

 

ALGUIEN EN QUIEN CONFIAR

En la vida pública, no es fácil encontrar una persona en quien confiar y con capacidad para responder a todos los problemas que tiene hoy la sociedad en que vivimos, pero eso no es motivo para dejar buscar y de responsabilizarnos en la marcha de nuestro mundo… Es más cómodo lavarse las manos y evitar el compromiso para buscar soluciones.

 

ALGÚ EN QUI CONFIAR
En la vida pública, no és fàcil trobar una persona en qui confiar i amb capacitat per a respondre a tots els problemes que té hui la societat en què vivim, però això no és motiu per a deixar buscar i de responsabilitzar-nos en la marxa del nostre món… És més còmode llavar-se les mans i evitar el compromís per a buscar solucions.

 

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