JUEVES SANTO

  • Hoy es el día de la Eucaristía, del sacerdocio (por el Bautismo todos somos sacerdotes), es el día de Caritas, pero sobre todo es el día del mandamiento nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”, el Día del Amor Fraterno.
  • La Eucaristía y el sacerdocio nacen del amor. Si no nacen del amor, no son cristianos.
  • Es el día del servicio, un servicio que nace del amor. Jesús lava los pies a sus discípulos, lo hace movido por un amor infinito.
  • En este día comprendemos un poco más cómo es Jesús, lo que él quiere hacer en el mundo, a qué quiere entregar su vida.
  • En este día comprendemos lo que es la Iglesia, lo que Jesús quiere que sea la Iglesia: Una familia, una comunidad de hermanos.
  • En este día comprendemos lo que es la Iglesia, lo que Jesús quiere que sea la Iglesia: una comunidad comprometida en construir la hermandad, en construir la familia universal. La Iglesia es una comunidad de servicio que nace del amor.
  • La Iglesia, y cualquier comunidad cristiana, es una comunidad abierta, acogedora, sobre todo a los más necesitados, a los inmigrantes, a los refugiados, a los que no tienen hogar.
  • En el mundo hay muchas organizaciones que, movidas por el Espíritu Santo, trabajan por el bien de la humanidad.
  • Los cristianos colaboramos con todos los grupos de personas de buena voluntad, que se dedican a trabajar por la justicia y por la vida digna para todos, estamos abiertos a sus aportaciones y dispuestos a compartir con ellos todo lo que el Señor ha puesto en nuestras manos.

VIERNES SANTO

  • Hoy celebramos la muerte del Señor, una muerte que nos ha dado vida a todos.
  • Esa muerte manifestó y manifiesta el infinito amor de Dios a la humanidad.
  • Hoy conocemos más a fondo quién es Jesús, lo que piensa, lo que quiere, y hasta dónde llega su amor a cada uno de nosotros y a toda la humanidad.
  • Jesús, por su amor al Padre y por amor a nosotros, tenía muy claro lo que iba a hacer en este mundo: Venía a dar su vida por todos.
  • La muerte de Jesús nos marca el camino a seguir por todos nosotros y por toda la humanidad: El sentido de nuestra vida, nuestra misión es dar nuestra vida como la dio él.
  • Recordemos que la Pasión de Jesús, está presente en nuestro mundo, está ocurriendo cada día como le ocurrió a Jesús cuando pasó por este mundo.
  • El sufrimiento de la humanidad es el sufrimiento de Jesús. El sufrimiento de cada uno de nosotros, es el sufrimiento de Jesús.
  • Es un día para pensar en todos los que sufren y unirnos a ellos, compartir sus sufrimientos, como hizo la Virgen, María Magdalena y otras mujeres y el discípulo amado con Jesús. Abrámonos a toda la humanidad.
  • En el mundo hay muchas asociaciones que movidas por el Espíritu de Dios van a otros países a remediar el dolor de miles de personas que sufren. Unámonos a todos los que trabajan por aliviar la Pasión del Señor en toda la humanidad, a las personas que trabajan en los hospitales, a los que visitan las cárceles, a todos los trabajadores de Caitas y demás asociaciones humanitarias.
  • Hay muchos cirineos, y muchas verónicas, y muchas personas llenas de buenos sentimientos que ayudan a los que sufren.

 

VIGILIA PASCUAL

  • Esta celebración es la más importante de todo el año. En esta noche celebramos la Resurrección del Señor. Todas las lecturas nos han hablado de la resurrección.
  • Celebramos que Jesús, no fue un fracasado, que ha vencido la muerte y que nos ha dado a todos la posibilidad de encontrar una vida que dura para siempre.
  • Vemos que para resucitar, primero tenemos que morir. No hay resurrección sin muerte.
  • Celebramos nuestra fe en la resurrección. Los cristianos creemos en otra vida distinta de la que tenemos ahora, la vida nueva de la resurrección.
  • Esa vida nueva ya está en nosotros, la hemos recibido en el Bautismo, nos da fuerzas para mantener nuestra fe, nuestra esperanza y sobre todo nuestro amor desinteresado a Dios y a todas las personas.
  • La vida nueva de la resurrección se manifiesta, sobre todo, en el amor que nos lleva a sacrificarlo todo por cualquier persona que necita nuestra ayuda, o aunque no la necesite.
  • El amor verdadero nos abre a todos, nos da la posibilidad de dialogar y comunicarnos con todos, nos hace humildes y servidores de todos, nos hace constructores de la unidad y de la comunión.
  • El amor hace posible la amistad, la confianza, la colaboración, la construcción de la comunidad.
  • La vida nueva y el amor que viene de Dios, hace nacer un mundo nuevo, una nueva sociedad, una nueva economía, una nueva política, una nueva cultura: La civilización del amor.
  • Los cristianos creemos que la vida nueva de la resurrección, no sólo nos puede resucitar a las personas, sino que puede y debe resucitar el mundo en que vivimos.
  • Y por eso, porque creemos que Dios puede resucitar el mundo en que vivimos, los cristianos, desde nuestra fe en la resurrección nos comprometemos, con todas nuestras fuerzas en construir ese mundo nuevo que Jesús ah iniciado con su resurrección. Por eso creer en la resurrección es un gran compromiso.

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

  • Celebramos el día de Pascua, esa palabra que significa el Paso de Dios por este mundo. La primera Pascua fue la salida del Israel de Egipto. Dios pasó por Egipto para liberar a su pueblo de la esclavitud y llevarlo a la tierra prometida, la tierra de la libertad.
  • Aquella Pascua, aquel paso de Dios por Egipto, anunciaba el verdadero paso de Dios por nuestra tierra, cuando el Hijo de Dios se encarnó, vivió entre nosotros, nos manifestó el amor infinito de Dios y entregó su vida por nosotros para darnos la salvación.
  • Celebramos la Pascua verdadera y definitiva. El paso de Jesús por este mundo y su vuelta al Padre, después de haber dado su vida, pasando por la muerte y dando una vida nueva a nuestra naturaleza, la vida de Dios que ya no morirá nunca.
  • Jesús ha venido y ha pasado por este mundo para liberarnos a todos de nuestras esclavitudes más profundas y darnos su misma vida.
  • Sólo con la fe podemos llegar a encontrar y experimentar esa vida que Jesús nos da con su paso por este mundo y con su muerte y resurrección.
  • Sólo si nos dejamos llevar por el amor que nos lleva a darlo todo, y a dar nuestra vida, podremos vivir esa vida que Dios nos da a través de Jesús.
  • En este mundo todo nos invita a permanecer encerrados en lo que ya tenemos y en lo que vemos y experimentamos todos los días.
  • Todo nos empuja a pensar que no hay otra vida nada más que esta que vemos y que palpamos. Todo nos invita a quedarnos como estamos.
  • La resurrección de Jesús nos invita a ir más allá, a pasar los límites de nuestra naturaleza y de nuestras experiencias. Dejémonos llevar de la fuerza de la resurrección, dejemos que la muerte y la resurrección de Jesús nos transforme y nos haga personas nuevas, capaces de hacer un mundo nuevo.
  • No tengamos miedo a renunciar a la vida que vivimos ahora, a nuestra situación actual, no tengamos miedo a morir, porque sólo así podremos resucitar.

 

Viernes Santo

Is 52,13-53,12: Él fue traspasado por nuestras rebeliones.

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano,   así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron. Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento. Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Sal 30,2.6.12-13.15-16.17.25: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo A tus manos encomiendo mi espíritu tú, el Dios leal, me librarás.

Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos me ven por la calle, y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto me han desechado como a un cacharro inútil.

Pero yo confío en ti, Señor te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares líbrame de los enemigos que me persiguen.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo sálvame por tu misericordia.
Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor.

Hb 4,14-16; 5,7-9: Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación.

Hermanos: Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sa­cerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nues­tras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente co­mo nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, pre­sentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, su­friendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan
 Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba morir, escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.»Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilatos S.: -«No escribas “El rey de los judíos”, sino “Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos”.» Pilato les contestó: -«Lo escrito, escrito está.»

HOMILÍA

Hoy celebramos la muerte de una persona que comprometió toda su vida, desde su nacimiento hasta el final, por amor a Dios y por amor a toda la humanidad. A partir de los textos que hemos escuchado vemos a una persona que pasó haciendo el bien, entregando, de mil maneras, su vida a todos, y que, al final, manifestó su amor a la humanidad, manteniendo su fidelidad inquebrantable a la voluntad del Dios Padre, y dándolo todo, por todos, incluidos aquellos que lo juzgaron, se burlaban de él y los que lo estaban martirizando. Esta fue la explicación de toda la vida de Jesús: El amor a Dios, el compromiso para construir el mundo que Dios quiere, y el amor a todas, y a cada persona concreta, respondiendo, con todas sus fuerzas, a cualquier necesidad, y sobre todo a la necesidad más profunda de todos: el sentirse amados y reconocidos en su dignidad. Y también la fe inquebrantable en el amor del Padre, que no lo dejaría fracasado en la muerte. Jesús no se comprometió a medias, ni por una temporada, ni por intereses personales, ni cuando le era fácil, ni por necesidad de protagonismo, sino por puro amor y “hasta el extremo”.  Y, comprometiéndose de esta manera, se unió a todos los que hoy sufren en el mundo, por cualquier razón o circunstancia. Ningún sufrimiento humano le es desconocido. Todos los que sufren pueden sentirlo cerca, a su lado, como compañero de camino. Y, con su pasión, hizo sagrado el sufrimiento de cada persona. Por eso, ahora, cuando vemos sufrir a una persona, ya no es la desgracia de esa persona, sino la pasión del mismo Jesús, es Jesús el que sufre y el que muere. Cuando cada uno/a de nosotros encontramos problemas y momentos duros en nuestra vida, estamos compartiendo el drama de Jesús, nuestras penas son las penas de Jesús y, junto con él, estamos contribuyendo a construir el mundo que Dios quiere. No despreciemos los momentos difíciles de nuestra vida, ni de la vida de los demás. La postura mejor es la de asumirlos como los asumió Jesús y las personas que han dado y están dando su vida por la humanidad. Y, como Jesús, hemos de mantener nuestra fe inquebrantable en el amor del Padre que no nos va a dejar “tirados” en la muerte.

  • ¿Qué es lo que mueve mi vida y en qué la compromete?
  • ¿Cómo vivo las dificultades y sufrimientos que se me presentan?
  • ¿Qué significa para mí la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús? ¿Cómo influyen en mi vida?

 

 

Jueves Santo

Jn 13,1-15: Los amó hasta el extremo.

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los su­yos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: -«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: -«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprende­rás más tarde.» Pedro le dijo: -«No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: -«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.» Jesús le dijo: -«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, por­que todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. » Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos es­táis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: -«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me lla­máis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

 

Homilía

Jesús no vino a este mundo a que le sirvieran, sino a servir a todos. Y dejó muy claro que los que creyeran en él serían personas que estarían al servicio de todos. Por eso, unas horas antes de morir, se quitó el manto y les lavó los pies a sus discípulos para que no se les olvidara de que ellos tenían que estar al servicio de todos, y les dijo:   también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Y Jesús lo hizo por amor, sin ningún interés personal. Esto que hizo en la última cena, fue como un resumen de lo que había hecho toda su vida con los enfermos, con los pobres y con cualquier persona que se le acercaba. Pedro se opone a que Jesús le lave porque pensaba que, eso de lavar los pies, no era propio de Dios, y porque él tampoco estaba dispuesto a lavar los pies a nadie. Es que entonces, lavar los pies, era algo que hacían los esclavos.

Los cristianos somos los servidores de todos. Encontramos la felicidad sirviendo por amor a todas las personas. Nosotros necesitamos amor, apoyo, comprensión y ayuda.. Pero eso lo encontramos ofreciendo nuestro amor y nuestro servicio a los demás, de forma gratuita, sin esperar que nos devuelvan nada. Un cristiano que tiene una empresa, no la tiene para ganar dinero, sino para servir a la personas y a toda la sociedad. El cristiano que tiene un cargo público, está ahí para dar un servicio a su pueblo. Y el que tiene un negocio o ser dedica al comercio, trabaja para servir a todas las personas que se relacionan con él. Y lo mismo el que tiene un trabajo. Y la Iglesia, por la voluntad y el ejemplo de Jesús, es una comunidad de servidores. Lo que predica lo quiere cumplir con su ejemplo y su compromiso con todos los pobres y necesitados. Hoy de forma especial con los trabajadores que no ganan lo suficiente para vivir, con los inmigrantes y refugiados, con las mujeres maltratadas…Por eso hoy es el día de Cáritas. Cuando la Iglesia no sirve, ya no es la Iglesia de Jesús y entonces la gente dice que es “un rollo”.

  • ¿Cómo encuentro mi felicidad, sirviendo y queriendo de verdad a los demás, o mandando y buscando que me sirvan?
  • ¿Se puede ser cristiano sin ponerse al servicio de todos, de forma gratuita?

 

 

 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Lectura del los Hechos de los apóstoles 10,37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: Hermanos: Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan.  Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero.  Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse,  no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.  Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.  De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su

nombre, el perdón de los pecados».

Salmo117: Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: Eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.

No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R

La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 3,1-4

Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios;  aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. 4 Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Secuencia

Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza a gloria de la Víctima  propicia de la Pascua. Cordero sin pecado que a las ovejas salva, a Dios y a los culpables unió con nueva alianza. Lucharon vida y muerte  en singular batalla, y, muerto el que es la Vida,

 triunfante se levanta. «¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras  mi amor y mi esperanza! Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;  allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.» Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda.  Rey vencedor, apiádate de la miseria humana  y da a tus fieles parte en tu victoria santa. Amén.

Jn 20,1-9: El había de resucitar de entre los muertos.

“El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.  Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.  Los dos discípulos se volvieron a casa”.

 

Homilía

Hoy celebramos la fiesta más importante de todo el año: La resurrección de Jesús y también nuestra propia resurrección. Celebramos la victoria de la vida, (la vida es Dios), sobre la muerte. Celebramos que la muerte no tiene la última palabra, sino la vida. La última palabra  no la tenemos nosotros sino Dios. La última palabra no la tiene el dinero, ni el poder y ni la propaganda, sino la verdad y la felicidad para todos, aunque veamos que es muy difícil y que hay unas fuerzas muy grandes que lo impiden.

Cristiano es aquel que cree con todas sus fuerzas en la resurrección… Pero ¿qué es creer en la resurrección? Es mirar la vida siempre con esperanza, estar convencidos de que nosotros podemos cambiar y ser mejores, que los demás también pueden cambiar y ser mejores, que el mundo puede cambiar y ser totalmente distinto de cómo es ahora; es estar seguros de que el amor es más fuerte que el egoísmo, y que al final triunfará el amor… Y no sólo estar seguros de todo esto, sino comprometer toda nuestra vida en hacer que el mundo cambie, en cambiar nuestra vida para que toda ella esté movida por el amor. Uno cree de verdad en una cosa cuando compromete toda su vida en aquello que cree. Creer en la resurrección es comprometer nuestra vida en cambiar (en resucitar) nuestra vida y el mundo en que vivimos, con la ayuda del Señor.

Creer en la resurrección es además, descubrir todos los brotes y señales de resurrección que se están dando en las personas, en las familias y en  el mundo. Dios, en todos los momentos está resucitando el mundo, las personas, las familias… Dios lo está haciendo todo nuevo en cada uno de los momentos de la vida y de la historia. Con la resurrección de Jesús se puso en marcha la resurrección de las personas, y  de todas las cosas, a nivel mundial. Otra cosas es que nosotros nos lo creamos. No hemos de desconocer la muerte y todas las cosas negativas que hay en el mundo, pero no nos hemos de obsesionar con la muerte y con todo lo negativo… Nuestra atención, nuestra vida y nuestra fe se han de centrar en la fuerza de la resurrección… Y hemos de transmitir la fe en la resurrección a todas las personas que se relacionen con nosotros. Y que nunca se nos contagie la fe en la muerte… Creemos en la resurrección, y somos testigos y personas que luchan, que comprometen todas sus fuerzas en la resurrección.

  • ¿Creo de verdad en la resurrección?
  • ¿Comprometo mi vida en mi resurrección y en la resurrección del mundo, o pienso que es algo que no tiene que ver nada con la vida y con el mundo?
  • ¿Qué señales de la resurrección estoy viendo en el mundo?
  • ¿Cómo una parroquia puede manifestar su fe en la resurrección y comprometerse en la resurrección de su barrio y de su pueblo?

 

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