28 de abirl de 2019  Domingo 2º de Pascua

Hch 2,42-47: Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común.

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los após­toles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían to­dos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

Sal 117,2-4.13-15.22-24: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia.

Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria en las tiendas de los justos.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.

1P 1,3-9: Por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una he­rencia incorruptible, pura, imperecedera, que nos está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más pre­cio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llega­rá a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

Jn 20,19-31: A los ocho días, llegó Jesús.

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: -Paz a vosotros. Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: -Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos. Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: -Hemos visto al Señor. Pero él les contestó: -Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo. A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: -Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: -Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Contestó Tomás: -¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: -¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

 

Homilía

En Pascua, ante la resurrección de Jesús, surgen algunas preguntas: ¿Cómo encontrarse con Jesús resucitado? ¿Qué efectos produce el encuentro con esta persona, a nivel personal y comunitario? ¿Qué hacer para que se produzca este encuentro?

Por lo que vemos en la primera lectura, el encuentro con Jesús resucitado, puede darse de forma individual, pero normalmente se experimenta en un ambiente comunitario, dentro de la comunidad. Y esa experiencia orienta a que los miembros de la comunidad compartan sus bienes, su vida y su acción. Es así como la comunidad vive y da testimonio de esa VIDA NUEVA que es la resurrección de Jesús y transmite su experiencia a la sociedad en la que vive. Esto produce, en el mundo, una imagen muy positiva de la comunidad cristiana, cuando no se queda en palabras, y es como un ejemplo de lo que tiene que ser la sociedad. Es entonces cuando se puede decir que, en nuestra vida, actúa Dios, y somos testigos de su misericordia, como nos dice el salmo 117. De esta forma aparece esa VIDA NUEVA de la que nos habla la segunda lectura y es cuando nuestra vida se llena de alegría, aunque tengamos que pasar por momentos difíciles, como los pasó Jesús y pasa todo el mundo.

El evangelio nos dice que, los discípulos, tenían mucho miedo y tenía las puertas bien cerradas, pero estaban reunidos. Y, en este ambiente de comunidad, les sorprende Jesús, les enseña las manos y el costado, y les ofrece la paz. También los envía como ha sido enviado él por el Padre, y les comunica el Espíritu Santo, para que desempeñen la misión de  comunicar a todos el perdón de los pecados, el amor de Dios que quiere salvar a todos. No hay experiencia de la resurrección si, al mismo tiempo, no se tiene la experiencia de la misión, de sentirse enviado, que Jesús nos confía para anunciar el amor de Dios, la VIDA NUEVA de Dios, a toda la humanidad.

No se encontró con Jesús el discípulo Tomás, pues no estaba en la comunidad y tampoco aceptaba el testimonio de los otros compañeros que habían visto a Jesús. Fue a la semana siguiente, cuando Tomás, reunido con los otros miembros del grupo, se encontró con la persona de Jesús, quien le invitó a creer en él, aunque en algunas ocasiones no lo viera. Deja claro Jesús que, la fe más auténtica es aquella que se vive, aunque nos se tengan muchas pruebas ni visiones, lo importante es fiarse de la Palabra que Jesús nos ha dado, esa Palabra que nos habla de todos las acciones, gestos y trayectoria que hizo Jesús entre nosotros, para que nosotros, creyendo en él vivamos la vida nueva de la resurrección.

  • ¿Me doy cuenta de la importancia que tiene vivir unido a la comunidad y a todas las personas, para poder encontrarme con Jesús?
  • La fe en la resurrección ¿me ayuda a compartir con los demás, especialmente con los más necesitados, mis bienes, mi vida y mi acción?
  • ¿Hasta qué punto creo y valoro la Palabra de Dios que está escrita en los evangelios y toda la Sagrada Escritura?

 

 

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