LAS INUNDACIONES
Sería un trabajo extenso y de mucha envergadura, ver el significado teologal, y teológico, de las inundaciones. En otra ocasión posiblemente ofreceré una visión teologal más amplia. Ahora sólo voy a dar algunas referencias bíblicas sobre el tema, aunque, soy consciente de que es posible que, al no profundizar, estas referencias se queden un poco en la ambigüedad y hasta pueden invitar a la contradicción.
El Diluvio y las calamidades colectivas que narra la Biblia, casi siempre se interpretan como castigos de Dios, sobre todo en el Antiguo Testamento. El nuevo Testamento, aunque con limitaciones de lenguaje, ayuda a descubrir lo que vulgarmente decimos: EL PECADO LLEVA APAREJADA LA PENITENCIA (no es Dios quien nos castiga, nos castigamos nosotros). Es decir, las desgracias colectivas, deshacen los mitos de grandeza y prepotencia de la humanidad y ponen de manifiesto la injusticia del sistema de vida, producción y administración del a humanidad, que destruye y mata, sobre todo a los que viven en la pobreza. En 1789, hubo unas inundaciones en la Vega baja del Segura, en las que murieron más de mil personas. El nivel de pobreza era muy alto, las casas eran de adobe, a las aristocracia y a la burguesía no le pasó nada. No afecta lo mismo un terremoto en un país del Tercer Tundo que en el Primer Mundo.
Se puede argumentar que hay cataclismos que destruyen la humanidad y no tienen que ver nada o casi nada, con el sistema… No es fácil separar el daño y sufrimiento de los débiles, sea por calamidades colectivas y por la vida del “orden establecido”, del sistema de vida en que vivimos. Entre otras cosas, ahora se está descubriendo que los experimentos atómicos y la destrucción de la naturaleza, tienen que ver mucho con las catástrofes naturales. Yo no quiero descifrar el fondo misterioso de los cataclismos y de la vida, pero ciertamente los cataclismos se pueden suavizar y reparar rápidamente, si la humanidad funcionara a partir del PROYECTO DE DE DIOS, que es COMUNIÓN.
El dolor nubla, en muchas ocasiones, la mente humana. Al que sufre que no le vengan con reflexiones teologales ni teológicas. Pero si el que sufre es creyente, interpreta la vida y la historia, en lo positivo y lo negativo, a partir de la catástrofe, o crimen más grande que ha sufrido la humanidad: LA MUERTE DE JESUS. Y esta muerte ha originado la victoria más grande: SU RESURRECCIÓN-LA RESURRECCION. La muerte de Jesús siendo el crimen más espectacular que ha perpetrado la especie humana, es, desde la Palabra y la fe en la Palabra, el origen y la consumación de la liberación más radical de la humanidad. Extenso sería explicar estas afirmaciones.
Los cristianos siempre interpretamos las catástrofes, que originan sufrimientos sin límites, como el origen de la salvación de la humanidad. Pueden ser y deben ser un acontecimiento liberador. La muerte, vivida desde el amor, en toda su profundidad y trascendencia humana, es el comienzo de la resurrección, de la gran victoria, de la purificación y regeneración de la humanidad.
Le hemos dado a las catástrofes el nombre de acontecimientos liberadores, cuando se viven desde la fe. ¿Liberadores de qué? Continuamente estamos diciendo la esclavitud que supone para nosotros el sistema de vida que llevamos, la deshumanización que nos afecta a todos, el individualismo, la pasividad, la acedia y una larga lista de cosas que nos bloquean y nos impiden ser personas. Una catástrofe natural puede ser una gran llamada, un golpe en nuestra vida que nos, aleje de nuestras fantasías, narcisismos, comodidades y otras alienaciones, y nos despierte a la solidaridad, nos humanice, y nos ayude a vivir como verdaderas personas. Hemos de aprovechar, al máximo, cualquier desgracia, para vivir su dimensión liberadora y sanadora que Dios nos ofrece a través de ella, aunque, a veces vaya acompañada de la muerte de varios o muchos inocentes, como ocurrió en la muerte de Jesús.
Nos puede liberar, y es necesaria, una buena acción política que afronte las causas del sufrimiento e inicie un proceso de transformación estructural. Es muy importante una acción educativa a corto, medio y largo plazo, que sitúe a las personas en otra forma de pensar y de vivir… Pero todo eso no es suficiente. Los acontecimientos, las llamadas que nos hace la historia pueden y deben contribuir de forma decisiva a la liberación y crecimiento de la humanidad.
Visto lo visto ¿qué puede hacer los cristianos y todos los ciudadanos?
La Iglesia tiene una gran formación teológica, bíblica, sociológica y política, para posicionarse ante acontecimientos de cualquier tipo, sobre todo cuando esos hechos o situaciones nos llaman a la solidaridad y a la vivencia de la COMUNIÓN DE BIENES, VIDA Y ACCIÓN, con los últimos.
1) La Iglesia no se va a poner a dar posicionamientos teológicos aunque los lleve dentro y actúe desde ellos, pero una cosa muy importante es LA PRESENCIA SIGNIFICATIVA DONDE SE ESTÁ AFRONTANDO LOS PROBLEMAS Y ELABORANDO LAS RESPUESTAS.
2) Difundir, no con palabras sino con actitudes, gestos, presencia, aportaciones oportunas, LA INTERPRETACIÓN POSITIVA Y LIBERADORA que pueden tener las inundaciones para la renovación de nuestras vidas y de nuestra sociedad.
3) Algo, creo, muy importante es el ACOMPAÑAMIENTO, de personas, familias, plataformas, asociaciones… para ofrecer, además y de una buena disponibilidad y colaboración, esperanza (de la buena), sentido liberador, humanidad… (me consta de que todo esto ya se está más o menos haciendo… o por lo menos se piensa..)
4) No estaría mal la promoción y celebración de ACTOS LITÚRGICOS que promovieran la vivencia y el compromiso, desde la fe, de todo lo que ha ocurrido: EUCARISTÍAS, VIGILIAS, ENCUENTROS, GESTOS, MANIFESTACIONES, PUBLICACIONES EN PRENSA Y REDES SOCIALES. (Todo bien preparado, con mucha seriedad y profundidad, desde la visión de fe que tenemos los cristianos)
5) UN TRABAJO ESPECIAL CONCIENCIADOR-EVANGELIZADOR EN LAS COMUNIDADES CRISTIANAS, PARA QUE SE VIVAN, DESDE LA FE, AHORA Y EN EL FUTURO, CIRCUNSTANCIAS COMO ESTAS QUE ESTAMOS VIVIENDO AHORA.
6) Espíritu crítico y denuncia de las anomalías e injusticias que se pueden estar cometiendo a partir de las inundaciones.
7) Aprovechar las circunstancias que estamos viviendo para educarnos y educar a la gente en la SOLIDARIDAD UNIVERSAL. Hay muchos millones de personas que están pasando lo que nosotros sufrimos ahora, y mucho más.
8) Se pueden ocurrir otras cosas…Cada militante, cada equipo puede desde la fe y la creatividad, puede plantear muchas más cosas…

A lo que aporto le doy el nombre de “balbuceo atrevido e ingenuo”. Otra persona puede hacer algo más profundo y más serio. Yo si puedo, lo trabajaré más.

 

 

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