Martes, 4 de febrero de 2020

Mc 5,21-41: Contigo hablo, niña, levántate.

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años.
Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: -¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: -Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: -Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud. Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga Y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida.
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: -Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar -tenía doce años-. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

REFLEXIÓN

En este relato evangélico salen dos mujeres. A una de ellas Jesús la cura y a otra le devuelve la vida. Siempre que Jesús se encuentra con una mujer la trata con el respeto y la delicadeza más grandes, le ofrece el trato que se ha de dar a una persona igual que a un hombre. Tanto a la mujer enferma como a la joven no habían podido curarlas ni los médicos, ni la Ley de Moisés ni la religión. Sólo Jesús les ofreció la salud por la fe que tenía en él. Que el jefe de la sinagoga no pudiera hacer frente a la salud de su hija, significa que la Ley y la religión judía ya no podían salvar, a partir de Jesús sólo encuentran la salvación, los que de una u otra forma creen en él.

Hemos de encontrarnos con Jesús y tocarle, pero tocarle con fe.

 

RESPONDER

Con el respeto más grande a los que piensen de otra forma, hoy  en día vemos que ni las ideologías, ni los partidos, responden a las necesidades de la gente y de los pueblos. La realidad es muy compleja y difícil. Parece que hace falta la colaboración de todos, y después de aportar cada uno lo mejor de sí mismo, tendrán que dejarse enseñar por la realidad y la vida de la gente, especialmente por los sufrimientos y las necesidades de una gran parte de la población.

Buen día…

 

RESPONDRE
Amb el respecte més gran als que pensen d’una altra forma, hui dia veiem que ni les ideologies, ni els partits, responen a les necessitats de la gent i dels pobles. La realitat és molt complexa i difícil. Sembla que fa falta la col·laboració de tots, i després d’aportar cadascun el millor de si mateix, hauran de deixar-se ensenyar per la realitat i la vida de la gent, especialment pels sofriments i les necessitats d’una gran part de la població.
Bon dia…

 

 

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