El retiro me ha ido muy bien. Me ha ayudado a ver muchas cosas claras, en una buena convivencia con 18 compañeros. Hemos permanecido los 5 día en silencio que nos ha ayudado a profundizar en nuestra vida, en la situación de la humanidad y a tener muchos espacios de comunicación con Dios. De nuevo me encuentro contigo para compartir mis reflexiones sobre el evangelio y sobre la vida.

 

Domingo, 16 de febrero de 2020

Mt 5,17-37: Se dijo a los antiguos, pero yo os digo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cum­plirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será pro­cesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que compa­recer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuer­das allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto. Habéis oído el mandamiento “no cometerás adulterio”. Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúl­tero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: “El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. ” Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus votos al Señor”. Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir “sí” o “no”. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»

REFLEXIÓN

Entre otras cosas, lo que nos quiere decir Jesús a través de este evangelio es que la persona está por encima de todo y que hemos procurar, por todos los medios no hacer sufrir ni humillar a ninguno de nuestros semejantes, con nuestras acciones, nuestros palabras o nuestros sentimientos, porque haciendo daño a cualquier persona le hacemos daño a mismo Dios, procurando solucionar los problemas, no a base de leyes y juicios sino por medio del diálogo y el buen entendimiento. No podemos relacionarnos con Dios si no respetamos a cualquiera que trate  con nosotros. Nos pide renunciar a cualquier acto que nos esclavice y que haga sufrir a los demás. Y también nos dice Jesús que jamás  hemos de utilizar a Dios para sacar adelante nuestros intereses.

 

EL HABRE EN EL MUNDO

En el mundo mueren cada día unas 24.000 personas a consecuencia del hambre, o de causas relacionadas con el hambre. Esto asciende a 8.760.000 al año, de los que el 75 % son niños. Estas condiciones de vida infrahumana, es una de las causas principales del aborto en los países pobres, cuyo número se eleva muy por encima de las naciones desarrolladas. Esto nos da a entender el grado de deshumanización en el que se encuentra la humanidad, que cuenta con alimentos de sobra para vivir todos los habitantes del mundo…

Buen día…

 

LA FAM EN EL MÓN
En el món moren cada dia unes 24.000 persones a conseqüència de la fam, o de causes relacionades amb la fam. Això ascendeix a 8.760.000 a l’any, dels quals el 75% són xiquets. Aquestes condicions de vida infrahumana, és una de les causes principals de l’avortament als països pobres, el número dels quals s’eleva molt per damunt de les nacions desenvolupades. Aixó ens dóna a entendre el grau de deshumanització en el qual es troba la humanitat, que compta amb aliments de sobres per a viure tots els habitants del món…

Bon dia…

NOS LO TENEMOS QUE CREER…

La época del emperador Constantino es un referente para fijar el comienzo del clericalismo en la Iglesia, su alianza con el poder, la estructura de cristiandad, y otras muchas cosas más, presentes en la Iglesia desde aquella época, más o menos. Es cierto que desde entonces, (quizá en otras comunidades cristianas comenzó antes), viene pesando enormemente, en la Iglesia, la presencia y las decisiones de la jerarquía. Lo del “rebaño y el pastor” se ha entendido al pie de la letra, asumiendo toda la responsabilidad de la comunidad, el pastor o los pastores, y viviendo la comunidad sometida totalmente a la voluntad de los pastores, como una voluntad sagrada que no da lugar a ningún diálogo ni participación de la comunidad. No han sido, en  la realidad,  salvo honrosas excepciones, verdaderas comunidades los distintos estamentos de la Iglesia. No ha habido comunidades con carismas, en las que cada uno pone su carisma al servicio de la comunidad, y en la que todos están al mismo nivel, incluidas las mujeres (esta realidad ha sido y sigue siendo escandalosa en la Iglesia), cuando vemos que, a partir del Evangelio, el que tiene el papel de responsable de la comunidad, ha de estar en el lugar más bajo, escuchando a todos y siempre al servicio y disponible para todos. El que gobierna la comunidad y a quien hay que escuchar es la persona de Jesús, no a otra persona por mucho que sepa, o por muchas cualidades que tenga.

El tema es complejo, se tendrían que mirar y aportar infinidad de matices y situaciones que enriquecerían y, a veces, contradirían la visión global. En la historia, muchos laicos, sobre todo los que han tenido poder económico y político, han tenido una gran influencia en la Iglesia. Pero parece ser que la dependencia total de la comunidad respecto al clero, ha sido, y en gran parte, sigue siendo la configuración de la Iglesia Católica, que no sólo está presente en la conciencia de los cristianos pertenecientes al clero, sino de igual manera, en la vida y forma de ver la Iglesia de los laicos. Por lo que se ve, el clericalismo se mantiene y, a veces crece, por el apoyo y aceptación de los laicos, que, en ocasiones, son más clericales que los mismos clérigos.

Antes del Concilio Vaticano II, muchos teólogos, apoyados en los Padres de la Iglesia de los primeros siglos,  y sobre todo en la Sagrada Escritura, comenzaron a hacer presente en los ambientes eclesiales, el papel y la realidad ineludible de los laicos, en la comunidad cristiana y en toda la vida de la Iglesia, pero fue a partir del Concilio cuando se comenzó a hablar de la Iglesia como pueblo de Dios y de los laicos como una parte fundamental y esencial de la Iglesia. Comienzan a sonar las voces de sinodalidad, corresponsabilidad, “casa de todos cosa de todos…” Y otras muchas que apuntan a la “Iglesia-Comunión”, “Iglesia-Pueblo de Dios”, Iglesia-Cuerpo de Jesús”. Está claro que hemos avanzado, que tenemos signos y realidad  para situarnos con esperanza. Estas voces suenan, se escriben, se traen a colación en reuniones, congresos, encuentros y otros muchos eventos y espacios eclesiales, pero quizá las que más suenan y las que se imponen en la práctica, son otras: “Si en la parroquia el cura no apoya, o no toma la iniciativa no hay nada que hacer”, “para que una cosa vaya adelante, el cura o el obispo la tiene que asumir y hacer suya”, “cuando había un obispo que apoyaba y simpatizaba con tal cosa, iba adelante” “todo depende del cura, o del obispo o de los que tienen la responsabilidad de la Iglesia” “mientras el cura o el obispo no apoye, los laicos, no podemos hacer nada…” “Y ahora, como no hay sacerdotes, ni religiosos, hemos de responsabilizarnos los laicos…” Está claro que todas estas voces son la manifestación de un profundo clericalismo, no clericalismo de los curas y obispos, sino de los laicos y laicas, que apoya y refuerza el clericalismo de los clérigos, y que no parte de la identidad cristiana de los laicos, ni del Evangelio, ni de la voluntad de Jesús. La participación de los laicos, por la falta de curas, no es cosa de que “ahora, como hace falta, se ha de echar mano de los laicos…” Los laicos deben participar porque, desde su Bautismos Jesucristo les encarga una misión, dentro y fuera de la Iglesia. Y también estas actitudes y forma de pensar de los laicos y laicas, son la manifestación de otras muchas cosas: La comodidad y el miedo a asumir responsabilidades, el haber asumido y funcionar con un esquema de Iglesia que no tiene que ver nada con el Evangelio, la inmadurez y falta de conciencia casi generalizada de los laicos y laicas, la inercia de muchos siglos de funcionamiento cultivado por los clérigos… etc. etc. etc.

A partir de la lectura del Evangelio y de la fe y seguimiento de Jesús, en la Iglesia estamos todos al mismo nivel… En la iglesia todos participamos de la misma responsabilidad porque somos un solo cuerpo, la familia o comunidad de Jesús.

Podríamos aportar infinidad de textos, pero creo que con uno es suficiente: Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.  Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.  No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.  El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Mateo 23, 9-12.

No es que queramos vivir la comunión sino que somos comunión, la Iglesia es de todos, depende de todos, todos somos la Iglesia… Quizá, los que tienen un cargo de responsabilidad, según Jesús, han de ocupar un lugar más bajo, como lo ocupó él: Pesebre, Cruz, Eucaristía…

Dejar la iglesia en manos exclusivas de los clérigos, no es sólo empequeñecer la Iglesia, o vaciar la Iglesia, sino sobre todo es desnaturalizar la Iglesia, eso no es la Iglesia de Jesús, así no se vive la comunión, ni la sinodalidad, ni la corresponsabilidad, ni “ser cuerpo de Cristo”.

De esta forma la comunidad cristiana no puede evangelizar… Podrá “mantener el funcionamiento”, “funcionar” como cualquier otra institución, pero no podrá ser la comunidad, la familia de Jesús. Cuando la presencia del cura o del obispo, bloquea la vida, carismas, papel y compromiso de los laicos, impide, con muy buena voluntad, la vida y el crecimiento de la comunidad cristiana, impide la evangelización, le quita el sabor a la sal, la claridad a la luz y el fermento a la levadura, y los laicos asumen y viven, desde el servilismo y la pérdida de su identidad y misión que Jesús les ha encargado en el Bautismo.

No estoy hablando de “toma de poder de los laicos en la Iglesia”, de pasar del clericalismo al absolutismo de los laicos y laicas. No estoy hablando de que todos los carismas sean iguales, o de una cierta anarquía, o desorden  en la Iglesia… Estoy hablando de la naturaleza de la Iglesia y de la vivencia de la comunión a todos los niveles. Los laicos y laicas, actuarán siempre en comunión y coordinación, no sólo con el cura y el obispo, sino con todos los grupos y realidades eclesiales, porque esa es su identidad y su naturaleza como creyentes en Jesús y en su Evangelio. El gran papel de los obispos y los sacerdotes se ha de reconocer, valorar y apoyar en todos los sentidos, pero sin ponerlo por encima del papel, vocación y participación de los laicos y laicas.

Pero el laico y la laica, para vivir su carisma y su vocación, no puede depender del cura, ni considerarse menos que el cura o el obispo, no pueden ni deben tener una postura infantil, inmadura o acomplejada, sino que ha de situarse en plano de igualdad, de diálogo, complementación y colaboración, con las actitudes propias de un seguidor de Jesús: Humildad respeto, fraternidad y amor, renuncia al poder, pero siempre en plano de igualdad. Son diferentes los carismas y los papeles, pero complementarios.

Tampoco pueden esperar los laicos a que el cura tome la iniciativa, haga la propuesta, y mueva a la gente. Los laicos y laicas, pueden tomar iniciativas, hacer propuestas y animar a la comunidad… siempre en coordinación con el cura y con todos. Los laicos son tan enviados por Jesús, tan responsables en y de la comunidad cristiana como el sacerdote y el obispo. En muchas ocasiones, si esperan a que el sacerdote o el obispo toma la iniciativa, pueden llegar a morirse sin hacer nada ni contribuir a la renovación y crecimiento de la Iglesia y de la sociedad. En la historia de la Iglesia hay infinidad de ejemplos sobre la evangelización,  la formación de comunidades cristianas y la renovación de la Iglesia, que han sido debidas la iniciativa y responsabilidad de los laicos. No ha sido la tónica y lo más abundante, pero hay ejemplo elocuentes. Recordemos que las cosas se han de hacer, no a la fuerza, no de forma inoportuna, ni con prepotencia, sino con mucha paciencia (a poder ser histórica), mucho tiempo, mucha sabiduría y sobre todo mucho amor.

Sabemos que, actualmente, los sacerdotes y los obispos, no han recibido suficiente orientación para esta forma de vivir la vida de la Iglesia, a partir del Evangelio, porque durante muchos siglos se ha actuado y vivido de otra manera, es por lo que,  cuando hay alguna iniciativa por parte de los laicos y las laicas, surgen un montón de problemas, pero en algún momento se ha de comenzar, si queremos transformar la Iglesia desde el Evangelio, y nunca dar a nuestra comunidad cristiana y a la Iglesia por perdida. Contamos, además de nuestra situación de debilidad, como fue la situación de  la que partió Jesús que fue un laico y también lo fueron los apóstoles, pero como él también contamos con la fuerza del Espíritu Santo. Nos mueve el amor a Jesús, el amor a la Iglesia, a sus representantes y a toda la humanidad. Pero para dar este paso los laicos y laicas, y todos en la Iglesia, NOS LO TENEMOS QUE CREER. Si ponemos el acento en las dificultades y resistencia de la jerarquía, en al anquilosamiento de las estructuras de la Iglesia a todos los niveles, no haremos nada, el clericalismo, no querido por la misma jerarquía, se endurecerá y crecerá más conforme vaya pasando el tiempo, por muchos documentos, congresos y declaraciones que se hagan. NOS LO TENEMOS QUE CREER, tanto los laicos y laicas, como los sacerdotes y los obispos.

 

 

 

 

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