Martes, 4 de febrero de 2020

Mc 5,21-41: Contigo hablo, niña, levántate.

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: -Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años.
Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: -¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: -Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: -Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud. Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: -Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: -No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga Y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: -¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida.
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: -Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar -tenía doce años-. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

REFLEXIÓN

En este relato evangélico salen dos mujeres. A una de ellas Jesús la cura y a otra le devuelve la vida. Siempre que Jesús se encuentra con una mujer la trata con el respeto y la delicadeza más grandes, le ofrece el trato que se ha de dar a una persona igual que a un hombre. Tanto a la mujer enferma como a la joven no habían podido curarlas ni los médicos, ni la Ley de Moisés ni la religión. Sólo Jesús les ofreció la salud por la fe que tenía en él. Que el jefe de la sinagoga no pudiera hacer frente a la salud de su hija, significa que la Ley y la religión judía ya no podían salvar, a partir de Jesús sólo encuentran la salvación, los que de una u otra forma creen en él.

Hemos de encontrarnos con Jesús y tocarle, pero tocarle con fe.

 

RESPONDER

Con el respeto más grande a los que piensen de otra forma, hoy  en día vemos que ni las ideologías, ni los partidos, responden a las necesidades de la gente y de los pueblos. La realidad es muy compleja y difícil. Parece que hace falta la colaboración de todos, y después de aportar cada uno lo mejor de sí mismo, tendrán que dejarse enseñar por la realidad y la vida de la gente, especialmente por los sufrimientos y las necesidades de una gran parte de la población.

Buen día…

 

RESPONDRE
Amb el respecte més gran als que pensen d’una altra forma, hui dia veiem que ni les ideologies, ni els partits, responen a les necessitats de la gent i dels pobles. La realitat és molt complexa i difícil. Sembla que fa falta la col·laboració de tots, i després d’aportar cadascun el millor de si mateix, hauran de deixar-se ensenyar per la realitat i la vida de la gent, especialment pels sofriments i les necessitats d’una gran part de la població.
Bon dia…

 

 

Lunes, 3 de febrero de 2020: Hoy celebra la Iglesia la fiesta de San Blas y San Oscar Romero, los dos obispos y mártires

Mc 5,1-20: Espíritu inmundo, sal de este hombre.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo -ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: -¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: -Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: -¿Cómo te llamas? El respondió: -Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: -Déjanos ir y meternos en los cerdos. El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país. Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: -Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

REFLEXIÓN

Este texto nos deja claro que Jesús ha venido a este mundo para liberar a todas las personas de sus esclavitudes más profundas que destruyen su vida, por muchas y complicadas que sean sus esclavitudes. La fuerza con la que cuenta Jesús es: Su amor y su apoyo en el Padre. Otra cosa que nos deja claro este pasaje es que, con tal que se libere una persona, a Jesús no le importa que se pierdas todos os cerdos y lo que haga falta. No pensaban así los habitantes de aquel pueblo que le rogaron que se alejara de allí, y no le agredieron físicamente porque tenían miedo de que lanzara a los espíritu en contra de ellos. Otro detalle importante es que no curó a aquel hombre para que fuera discípulo suyo, sino para que fuera una persona como todos y pudiera integrarse con normalidad en la vida de su pueblo.

 

 

CULPABILIZARNOS

Reconocer y responsabilizarnos de nuestras faltas para superarnos, no es culpabilizarnos ni caer en el complejo de culpabilidad. Es una señal de salud mental y ética que nos puede hacer crecer como personas, proporcionar muchas satisfacciones y buenas relaciones con los que  que tratamos habitualmente…

Buen día…

 

CULPABILITZAR-NOS
Reconéixer i responsabilitzar-nos de les nostres faltes per a superar-nos, no és culpabilitzar-nos ni caure en el complex de culpabilitat. És un senyal de salut mental i ètica que ens pot fer créixer com a persones, proporcionar moltes satisfaccions i bones relacions amb els que que tractem habitualment…
Bon dia…

 

 

 

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Ml 3,1-4: Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Así dice el Señor: «Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mi. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará á los hijos de Levi, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.»

Sal 23,7.8.9.10: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la Gloria.

¿Quién es ese Rey de la Gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la Gloria.

¿Quién es ese Rey de la Gloria?
El Señor, Dios de los Ejércitos:
él es el Rey de la Gloria.

Hb 2,14-18: Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el, poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Lc 2,22-32: Mis ojos han visto a tu Salvador.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»  Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:  -«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

HOMILÍA

El mundo en el que vivimos está muy necesitado de muchas cosas. A veces pensamos que sólo hay necesidades en los países pobres Y es verdad que en esos países hay más necesidades que aquí entre nosotros. Nosotros podemos comer, tenemos casa, y medicinas, escuelas y muchas cosas más. Los países pobres no tienen ni la mitad de cosas que tenemos nosotros. Pero eso no quiere decir que, entre nosotros no haya necesidades y sufrimientos. Sobre todo, lo que hace falta tanto en los países pobres como en los ricos, es justicia y humanidad. Si hubiera justicia y humanidad se solucionarían todos los problemas.

Hoy celebramos la Presentación del Jesús en el templo. Esta fiesta es el último eco de la fiesta de Navidad. Era un mandamiento de la Ley, que cuando nacía un niño varón, si era el primer hijo de la familia, a los cuarenta días de haber nacido, este hijo debía ser llevado al templo y consagrado al Señor, y, para poder llevárselo a casa, los padres tenían que hacer una ofrenda. Los ricos ofrecían un cordero o un ternero. Los pobres dejaban un par de tórtolas o dos pichones. Los padres de Jesús, como eran pobres, ofrecieron, un par de tórtolas, para poder llevarse Jesús a su casa.

A través de las lecturas de este día comprendemos un poco más a qué vino Jesús a este mundo. La primera lectura nos habla de la venida a este mundo del enviado de Dios, para hacer justicia, para purificar y cambiar la vida de las personas. Para acabar con la mentira, la injusticia y la corrupción, y crear una humanidad nueva. No viene Jesús (ya lo hemos dicho muchas veces) a dejar las cosas como están. Viene a cambiar la humanidad y cambiar la organización del mundo.

El salmo nos dice que abramos las puertas con alegría para que entre el Señor, el Rey de la gloria. No nos cerremos ante la visita del Señor que quiere visitarnos cada día y cada momento. Y dejemos que haga lo que él quiere hacer.

Los Israelitas esperaban la visita de Dios de una forma espectacular y grandiosa. Sólo pensar en la visita de Dios les daba miedo. La carta a los Hebreos nos dice que viene como uno de nosotros, en todo igual a nosotros menos en el pecado. Y viene para comprendernos y compadecerse de nosotros. No hemos de tener miedo. Jesús ha venido a hacer justicia, a poner las cosas en su lugar. Pero no a la fuerza, no como un gobernante de este mundo, que obliga a todos, puedan o no puedan, quieran o no quieran. Jesús ha venido a hacer justicia, pero con amor. No separa la justicia del amor, ni el amor de la justicia. Da tiempo al tiempo, respeta nuestra libertad. Dios no actúa con la eficacia de la fuerza, sino con la fuerza del amor que presupone la justicia.

Y el Evangelio nos habla de la misma entrada del mismo Dios en el templo, hecho un ser humano como nosotros, de la forma más sencilla, más pobre  y más apacible. Esta entrada llena de alegría al anciano Simeón que estaba toda la vida esperándolo, y a Ana la profetisa que había comprometido toda su vida en prepararse para recibir al Señor. Y, a través de estas personas, se llenaron de alegría todos los que estaban presentes en el templo. Para Simeón y para Ana, valió la pena prepararse y esperar toda la vida, para tener la alegría de ver con sus ojos al Salvador, por eso dijo Simeón: -«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Todos nosotros, por nuestra fe, vamos a tener hoy, en esta asamblea, la misma experiencia y la misma alegría que tuvieron aquellas personas en el templo de Jerusalén. Al encender nuestros cirios, dejemos que la luz del Señor ilumine nuestras vidas y que, a través de nosotros, se ilumine nuestra familia y nuestro mundo, con nuestro compromiso por la justicia y el amor.

¿Cómo espero la venida del Señor? ¿Cómo me preparo para recibirlo?

¿Cómo colaboro con él para que haya justicia en el mundo?

¿Me encuentro con el Señor cuando me visita cada día?

¿Es para mí la Eucaristía dominical un encuentro con el Señor?

 

Domingo, 2 de febrero de 2020: Día de la Presentación del Señor en el templo

Lc 2,22-40: Mis ojos han visto a tu Salvador.

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: –«Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

REFLEXIÓN

Simeón y Ana era personas pobres que no significaban nada en la sociedad de Israel. Dieron por bien empleada su vida por haber estado esperando al Salvador, con sacrificios, humildad y pobreza, desde que tenían uso de razón. Sabían bien lo que querían y a quién tenían que esperar. Vivieron para encontrarse con Jesús. Sólo vieron un niño normal y corriente como todos los niños, pero la fe les ayudó a descubrir el Salvador de toda la humanidad, en aquella criatura que no tenía ninguna apariencia extraordinaria. Como vemos, Jesús siempre se revela a la gente sencilla, a los que le esperan, a los que desean encontrarse con él. Jesús se presenta como la luz  para alumbrar a toda la humanidad. Si nos hemos encontrado con Jesús, hablemos de él a todos los que esperan un mundo nuevo, todos aquellos que lo están esperando aún sin saberlo.

 

ESPERAR

Cuando creemos que lo tenemos todo y nos acomodamos en nuestra situación, tenemos nuestra vida montada sobre una ilusión que no corresponde nada con la realidad. Lo propio de una persona realista y sensata es esperar, y movido por la esperanza comprometerse para que las cosas, poco a poco, vayan cambiando y se vayan superando todos los problemas con el esfuerzo y la colaboración de todos, aunque no veamos muchos resultados…

Buen día…

 

ESPERAR
Quan creiem que ho tenim tot i ens acomodem en la nostra situació, tenim la nostra vida muntada sobre una il·lusió que no correspon res amb la realitat. El propi d’una persona realista i assenyada és esperar, i mogut per l’esperança comprometre’s perquè les coses, a poc a poc, vagen canviant i es vagen superant tots els problemes amb l’esforç i la col·laboració de tots, encara que no vegem molts resultats…

Bon dia…

SÁBADO, 1 DE FEBRERO DE 2020

Mc 4,35-41: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: -«Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: -«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: -«¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: -«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: -« ¿Pero quién es éste? ¡ Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

REFLEXIÓN

El mar amenazaba tragarse la barca en la que iban los discípulos y Jesús. Pero había otra amenaza más grande todavía: El miedo de los discípulos, su falta de fe. Jesús calma la furia del mar, aparece como el Señor que abrió el Mar Rojo para que pasaran a pie enjuto los israelitas, y no fueran atrapados por la furia de Faraón. Pero sobre todo trata de hacer frente a la cobardía y a falta de fe de los discípulos. Esta era la verdadera tempestad, el no tener su vida apoyada en la fuerza y en el amor de Dios. Ante la fe de Jesús en el Padre, se quedaron espantados, mucho más que ante la tempestad. Necesitaban creer de verdad en la persona de Jesús, para librarse de todas las tempestades…

 

ACEPTAR

La solución de los problemas comienza por aceptarlos como son y en situarse ante ellos con total confianza de que podemos hacerles frente. Los problemas son oportunidades que nos pueden ayudar a avanzar y crecer como personas. Cuando huimos de los problemas los hacemos mil veces más grandes, nos quedamos desarmados ante ellos y nos destruyen, aunque de momento encontremos un poco de alivio y creamos que los hemos superado…

Buen día…

 

ACCEPTAR
La solució dels problemes comença per acceptar-los com són i a situar-se davant ells amb total confiança que podem fer-los front. Els problemes són oportunitats que ens poden ajudar a avançar i créixer com a persones. Quan fugim dels problemes els fem mil vegades més grans, ens quedem desarmats davant ells i ens destrueixen, encara que de moment trobem una mica d’alleujament i creguem que els hem superats…
Bon dia…

 

Viernes, 31 de enero de 2020: Hoy celebra la Iglesia la fiesta de san Juan Bosco

Mt 18,1-5: El primero entre vosotros será vuestro servidor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Vosotros no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

REFLEXIÓN

Aunque todos luchan por ellos, los títulos provocan la división de la sociedad y la separación de las personas. La mayoría de las veces, junto con el título, no se le da a los que lo reciben una preparación para que pongan su título al servicio de la sociedad, de forma desinteresada. Se suele enseñar para saber, no para servir. Por eso Jesús invita renunciar a los títulos, y pone el acento en el servicio. Y plantea que el más grande se haga el más pequeño y servidor de todos.

 

MATAR
La vida se puede matar, o por el activismo y el productivismo, o por la pasividad y la pereza. Cuando lo que nos interesa no es la persona, sino los intereses, sean del tipo que sean, no vivimos la vida, sino que nos convertimos en máquinas productoras, o en agujeros negros que todo lo reciben para hacerlo desaparecer.
Buen día…
MATAR
La vida es pot matar, o per l’activisme i el productivisme, o per la passivitat i la peresa. Quan el que ens interessa no és la persona, sinó els interessos, siguen del tipus que siguen, no vivim la vida, sinó que ens convertim en màquines productores, o en forats negres que tot el reben per a fer-ho desaparéixer.
Bon dia…

UEVES, 30 DE ENERO DE 2020

Mc 4,21-25: El candil se trae para ponerlo en el candelero. La medida que uséis la usarán con vosotros.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: -«¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.» Les dijo también: -«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.»

REFLEXIÓN

Todo, a su tiempo, ha de salir a la luz. Para la vida es fundamental la transparencia, la comunicación, el compartir lo que se lleva dentro. El ocultismo y secretismo mata la vida. Sabemos que todo se ha de hacer con sensatez y oportunidad, pero Jesús nos deja claro Dios es la luz que se ofrece a todos para iluminar nuestras vidas y llenarlas de alegría, a nadie niega su Palabra y su luz, y que nosotros, como hijos suyos, también hemos de ser luz para todos. Y lo que demos eso también recogeremos.

 

¿QUIÉN AYUDA?

Nos preguntamos quién ayuda más, la persona que apoya al necesitado, o el necesitado a quien le ayuda. Está claro que cuando una persona no tiene nada y se le apoya, recibe un favor, pero gracias al necesitado, el que ayuda, ha salido de sí mismo, y no sólo se ha sentido útil, sino que ha desarrollado su humanidad y ha experimentado el gran valor de la solidaridad. Todo eso lo ha vivido gracias a su encuentro con el necesitado…

Buen día…

 

QUI AJUDA?
Ens preguntem qui ajuda més, la persona que fa costat al necessitat, o el necessitat a qui l’ajuda. És clar que quan una persona no té res i se li dóna suport, rep un favor, però gràcies al necessitat, el que ajuda, ha eixit de si mateix, i no sols s’ha sentit útil, sinó que ha desenvolupat la seua humanitat i ha experimentat el gran valor de la solidaritat. Tot això ho ha viscut gràcies a la seua trobada amb el necessitat…
Bon dia…